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Aunque queda mucho trabajo por delante y el camino es largo hasta el segundo fin de semana de junio, lo cierto es que en apenas cinco meses este equipo ha conseguido mucho más que en toda la temporada pasada. Este Osasuna contagia, este Osasuna tiene alma, tiene espíritu, este Osasuna está volviendo a mostrar la mejor versión de algunos futbolistas, este Osasuna es el que quiere ver la afición en muchos momentos. Además, del abuso de excusas tras los partidos parece que hemos pasado a recuperar la chispa de suerte que todo equipo necesita para estar arriba.

En la victoria de ayer en Almedralejo se vio precisamente todo de lo que estoy hablando. Empezando por el final, Osasuna tuvo fe hasta el final, no se conformó con el empate cuando peor estaban las cosas y, cual depredador, tiene la sangre de su rival en la cabeza. El partido de Torres en zona de creación volvió a ser de lo mejor que se la ha visto al de Arre en mucho tiempo, por no hablar, obviamente, de la clase que atesora y de la que hizo gala en el tercer y definitivo gol. Si la semana pasada destacamos la jugada en la que peleó un balón en el descuento en casa ante el Málaga sacando una falta, de ayer tenemos que decir lo mismo, pero con un final espectacular. Siguió la jugada para aprovecharse de un gran servicio de Rubén García y enviar el balón a la red con una gran sangre fría en el minuto 94. Ni rastro ya de las molestias físicas que aparecían siempre alrededor del de Arre en los últimos tiempos. Este Torres está a un nivel espectacular. Por otro lado, volvió a aparecer Oier en un momento muy delicado parar el conjunto rojillo. Suyo fue el primer gol y suyo también fue el medio del campo hasta la expulsión de Aridane. Gran nivel también del de Estella en la medular. Precisamente, Torres y Oier están rindiendo en posiciones en las que quizás a muchos nos generaban más dudas. Gran mérito del cuerpo técnico, sin duda.

Pero al espíritu y la fe que mostró el equipo y a la recuperación de futbolistas importantes, también hay que sumar esa dosis de fortuna necesaria para remontar por segunda vez consecutiva prácticamente de forma épica. Oier abrió el camino, el segundo tanto llegó con cierta suerte al introducirse Íñigo López el cuero en propia meta, mientras que en el 94 Rubén García y Torres se aprovecharon del error de uno de los centrales extremeños. Un gol que olvidaba los clamorosos errores de Dámaso Arcediano Monescillo. En otras ocasiones, nos habrían bastado esos errores para dar el partido por perdido, o al menos no ganado, y para llenar la zona mixta de justificaciones equivocadas. Está claro que este equipo está empezando a tener la flor que se le ha resistido durante mucho tiempo y que tienen los equipos grandes. Eso y, repito, la gran fe que tiene esta plantilla.

También es destacable la unión que existe en este grupo, palpable partido tras partido. Ayer se volvió a ver en varias ocasiones, sobre todo en dos. Cuando peor se pusieron las cosas, todos y cada uno de los diez jugadores que se quedaron en el campo tras la expulsión de Aridane, apretaron los dientes… y algo más. Fueron solidarios en ataque y, sobre todo, en defensa. Supieron sufrir para acabar dando el zarpazo final. Justo cuando se vio el segundo momento del que hablaba antes. Cuando hasta Rubén Martínez acudió a abrazar a Roberto Torres tras anotar el tanto definitivo, el que suponía la remontada.

No fue un partido brillante, no fue un encuentro plagado de ocasiones, pero lo cierto es que Osasuna mereció la victoria. Fue a por el partido cuando se encontró con el 2-0 por errores propios y ajenos, salió tras descanso decidido a remontar el partido y no renunció al triunfo hasta el último minuto. La diferencia de calidad entre ambos equipos hizo el resto.

Sin embargo, de nuevo no podemos mirar sólo el resultado y tapar las carencias que volvió a demostrar el equipo. Enric Gallego mareó a la defensa rojilla en el primer tiempo, sobre todo cayendo a la banda de Lillo o emparejándose con Aridane, a quien le forzó las dos amarillas. Seguramente injustas ambas, pero en la foto estaban Enric y Aridane, y no otros. De nuevo, errores propios estuvieron a punto de costar muy caro a Osasuna. En el debe del conjunto rojillo y del cuadro técnico también está el estado de forma y anímico de David Rodríguez. Así como futbolistas de la talla de Torres u Oier han recuperado su mejor versión, o jugadores como Kike Barja están brillando, no podemos obviar que el delantero talaverano está pasando por un momento malo, con una falta de confianza espectacular que se traduce en falta de acierto.

Mención aparte necesita Rubén García, que estuvo presente en los tres goles con tres asistencias a cada cual mejor. Gran servicio sobre Oier en el primer gol a balón detenido, magnífico centro desde la derecha a pierna cambiada al corazón del área que fue introducido por Íñigo López en propia puerta en el segundo, y gran taconazo alardeando de recursos técnicos en el tercero y definitivo. Este futbolista es, sin duda, la referencia de este equipo. El jugador más desequilibrante que no se esconde y al que se le ve perfectamente implicado. Hay que aprovechar su momento dulce.

Este Osasuna ilusiona y el sábado tenemos una oportunidad de lujo para sumar la tercera victoria consecutiva y para seguir invictos e la jungla. De nuevo el sábado a las 18.00 y de nuevo, cómo no, estaremos en Cope + (94.9 de FM) para contárselo, con el mejor equipo del espectro radiofónico foral.

Resumen del partido

Rueda de prensa de Jagoba Arrasate

Resumen de Osasuna a Ritmo de Rock & Roll

‘BFM’ de Javier Iborra

Análisis del socio: ‘Xaba’

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